¿De dónde viene el “día de los músicos”?

Es ampliamente sabido que la celebración del día del músico tiene un origen religioso, cada 22 de noviembre se conmemora la muerte de santa Cecilia, o más bien, su martirio. Dentro del catolicismo, ella es la patrona de los ciegos y, por supuesto, de los músicos; en la hagiografía (historia de la vida de los santos), se representa a Santa Cecilia siempre con un laúd, con un órgano, con partituras o con rosas. A partir del siglo XVII, específicamente en 1683 y dentro de los límites del imperio británico, la Sociedad Musical de Londres dedicó los festivales anuales a santa Cecilia y las artes; luego, en 1695, en Escocia, empezó a celebrarse el día de los músicos con regularidad; esta costumbre emigró hacia el centro de Europa: Francia, Alemania y España y, como es de esperarse, de ahí a las tierras bajo el dominio de la corona española. 

¿Quién fue Cecilia de Roma?

Las referencias más antiguas de santa Cecilia, o Cecilia de Roma, se remontan hasta el inicio del cristianismo. No se sabe con precisión cuándo ocurrió en realidad su martirio, pero se estima que fue entre los años de 180 y 230, aunque hay investigadores que lo sitúan en el año 177, durante los últimos años de mandato del emperador Marco Aurelio, quien dejaría el poder en Cómodo (historia que conocemos gracias a Hollywood y Russell Crowe en Gladiador). Para cuando se hicieron conocidas las anónimas Actas de santa Cecilia (alrededor del año 480), ya habían pasado al menos 250 de su muerte, si tomamos la fecha más cercana a nosotros, el 230, como la fecha de su muerte, o nacimiento en la vida eterna dentro de la visión religiosa. Sin embargo, ninguna fuente es históricamente precisa. El nombre de Cecilia de Roma aparece también en el Martyrologium Hieronymianum, también conocido como Martyrologium sancti Hieronymi, libro atribuido a san Jerónimo, que no es sino un catálogo de los mártires y los santos del catolicismo ordenados cronológicamente. Por otra parte, el sepulcro de la patrona de los músicos se halla en las catacumbas de san Calixto, localizadas en la Vía Apia, una de las calzadas más importantes de aquella época que unía la ciudad principal, Roma, con Brindisi. 

Según las populares Actas de santa Cecilia, Cecilia de Roma perteneció a la familia Metelos y fue una virgen que se había consagrado a Dios después de que su familia se convirtiera al cristianismo. A pesar de dedicarse por entero a Dios, sus padres decidieron casarla con un joven noble que no era católico, de nombre Valeriano. Después de la ceremonia de la boda, y cuando en la intimidad debía consumarse el matrimonio, Cecilia explicó a su esposo que había ofrecido con anterioridad su virginidad a Dios y que un ángel la cuidaba siempre con recelo. Valeriano, incrédulo, le pidió, como prueba, ver a dicho ángel, a lo que Cecilia respondió que primero debía ser bautizado. Para cumplir ese propósito Valeriano salió a encontrarse con el papa Urbano en la Vía Apia. Se cuenta que, a su regreso, Valeriano (junto con su hermano Tiburcio) pudo ver al ángel, respetando entonces los deseos de Cecilia de dedicar su virginidad a Dios. Estas noticias llegaron a oídos Turcio Almaquio, prefecto romano que los condenó a muerte por practicar el cristianismo; curiosamente la sentencia, se dice, fue ejecutada por un verdugo de nombre Máximo. Una vez muertos su esposo y su cuñado, Cecilia siguió desobedeciendo los preceptos romanos y les dio un entierro cristiano, hecho que trajo como consecuencia que fuera perseguida por las autoridades romanas. Después de la captura y el juicio, recibió la sentencia de morir ahogada en el baño de su propia casa; pero como sobrevivió, ante la sorpresa de todos, la sumergieron en agua hirviendo, castigo del cual, según los textos, también salió ilesa. Para concluir la sentencia, Turcio ordenó que fuera degollada, pero su verdugo, a pesar de intentarlo tres veces, no pudo separar la cabeza del cuerpo, tal fue su impresión que arrojó la espada y huyó del lugar. Después de las heridas provocadas por la espada del verdugo, Cecilia tardó tres días en morir, dándole el tiempo necesario para dejar instrucciones precisas de la construcción de un templo en la que fue su casa. Las autoridades eclesiásticas no dan valor histórico al relato anterior y lo clasifican como uno de tantos romances de los principios del cristianismo –como el de santa Olalla que inspiró uno de los poemas más emblemáticos de Federico García Lorca–. Lo que la iglesia no “pone en duda”, es la existencia de estos tres mártires: Cecilia, Valeriano y Tiburcio.

¿cómo es que se relacionó a santa Cecilia con las artes?

Aparentemente pudo ser por un error de traducción de las “Actas de santa Cecilia” del latín al italiano y luego al español, donde se lee: Venit díes in quo thálamus collacatus est, et, canéntibus [cantántibus] órganis, il la [Cecilia virgo] in corde suo soli Domino decantábat , que puede traducirse como “Vio el día en el que se celebró el matrimonio y mientras sonaban los instrumentos musicales, ella (Cecilia) cantaba”. La palabra organis es una palabra (plural de órganum) que significa “instrumento musical”; sin embargo, la palabra se tradujo como “órgano”, así el texto se convirtió en Vio el día en el que se celebró el matrimonio y mientras sonaban los instrumentos musicales, ella (Cecilia) cantaba y se acompañaba al órgano. Además hace falta considerar que es mucho más probable que el texto original se refiera, cuando dice candentibus organis, no a instrumentos musicales, sino a instrumentos incandescentes de tortura y a que Cecilia cantaba, alabando a Dios, mientras su cuerpo era atormentado. De tal forma, y debido a una imprecisión al traducir, se le relacionó directamente con la música y con el instrumento eclesiástico por excelencia, el órgano. A partir del Renacimiento se le dedicaron misas (como forma musical) y su martirio fue ampliamente representado en la pintura. No fue hasta el siglo XVI, específicamente en 1594, cuando el papa Gregorio XIII –quien llevaba ya veintidós años en el cargo supremo de la iglesia realizando una serie de reformas, como la del cambio de calendario, del Juliano al Gregoriano– la canonizó y le otorgó el título de “patrona de los músicos”.

Luis David Palacios

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